viernes, 21 de septiembre de 2018

La nueva vida de Ana Torroja entre el cielo y el suelo

La cantante regresa al primer plano de la actualidad en España como nueva jueza en ‘Operación Triunfo’ e inspiración de una línea de alta joyería.



Buscando símiles entre las canciones que convirtieron al grupo Mecano en uno de los grandes hitos del pop de los años 80, Ana Torroja lleva colándose en las fiestas más diversas hace más de 40 años. Primero consiguió ser la voz cantante de un trío de amigos que se lanzaron al ruedo de la música por pasión y por casualidad y conquistaron un éxito sin precedentes en España. 

Cuando el grupo se disolvió, se convirtió en una novata con 20 años de experiencia a la espalda y tuvo que volver a empezar y aprender todo lo que significaba hacer carrera en solitario. Más tarde sufrió un gravísimo accidente de tráfico y serios problemas con Hacienda de los que ha pasado página tras llegar a un acuerdo y pagar 1,5 millones de euros. Y poco después su tranquila vida en Tarifa se desplazó a México D.F. cuando creció el volumen de trabajo en ese país, mientras se ralentizaba en España.
Ahora siente que va a pasárselo bien, como decía aquella mítica letra de Mecano, y se ha vuelto a plantar en España con dos proyectos profesionales. Formar parte del trío de jueces de la nueva temporada de Operación Triunfo, programa que arrancó este miércoles. Y presentar ayer una colección de joyas de Suárez —bautizada Entre el cielo y el suelo—, inspiradas en ella, en Mecano y en la estética que marcó la movida madrileña, época que coincide precisamente con la llegada a Madrid de la firma de alta joyería que este año celebra su 75 aniversario.
“Soy muy aventurera y me encanta crear, así que estos dos proyectos me parecen ideas muy bonitas. Pero quiero aclarar que nunca me he ido de España. Que viva fuera no significa que realmente no tenga en España mi casa”, afirma una sonriente Ana Torroja que demuestra la simpatía y la seguridad de las personas que están pasando por un buen momento de su vida.
La artista reside desde hace tres años en México D.F. junto a su marido Rafael Duque, ingeniero de sonido, y su hija Jara de 13 años, de quien afirma que es “muy deportista”. Cuidadosa de preservar su vida privada, característica que advierte sigue conservando, sí reconoce que su familia la “apoya muchísimo”. “Mi hija es una aventurera como yo, le encantan las experiencias nuevas. Y mi marido es quien siempre me da el empujón, quien me anima y me ayuda para poder hacer todo esto”, explica sobre el momento en el que decidieron trasladarse a vivir fuera de España.
Sobre su experiencia como inspiración de la nueva línea de joyas afirma que ha sido muy gratificante porque la firma para la que ha trabajado es “tan perfeccionista” como ella, y porque el resultado son piezas “delicadas pero potentes. Se parecen un poco a mi personalidad, fuerte pero frágil”. Sobre su estreno en OT dice que le encantó que se lo propusieran desde el principio: “Me gustan los retos y el miércoles corroboré que había tomado la decisión correcta. Aunque nos llamen jurado no considero que lo que hagamos sea juzgar; creo que les ayudas con consejos en base a tu experiencia”.
La suya ha conocido el cielo y el suelo, el éxito de masas y el trabajo delicado en solitario. “Siempre he sabido muy bien cuál era mi sitio, asumir que el éxito es efímero y no hundirme. Saber que esto es una carrera de fondo y que tu lugar no es siempre el mismo. Pero esté en el número uno o por ahí abajo”, afirma con gesto convencido, “quien me ve y me escucha sabe que no dejo de querer hacer las cosas al cien por cien”.
Inevitable interrogarle sobre la relación que mantiene ahora con sus antiguos compañeros de grupo, José María y Nacho Cano. “Antes de grupo éramos amigos, pero nos veíamos tanto que cuando dejábamos de trabajar cada uno tenía su vida, su mundo, y no eran comunes. Eso es lo que ha seguido pasando. Cada uno vive en un lugar, estamos muy al tanto de lo que hace el uno y el otro, pero sigue siendo esa relación en la que cada uno tiene su espacio”.

Vértigo. Así describe lo que sintió cuando dejó de sentirse arropada por los hermanos Cano, y “no sabía hacia dónde ir” en ese afán por distinguirse de Mecano y que quienes fueran a ver a Ana Torroja no se sintieran engañados. “Ya hace años que Mecano no pesa y forma parte de mí. No echo de menos nada, todo viene conmigo en la maleta y me da muchas alegrías”.
Las mismas que le proporciona haber bajado un poco el pistón de la fama cuando mengua la espuma del éxito. “Es más cómodo”, resume riéndose abiertamente, “me gusta más donde estoy, sigo haciendo lo que me apasiona que es la música, pero en un lugar donde me permito mis tiempos, donde decido cuándo y lo que quiero”. Ahora prepara nuevo proyecto, un disco de pop electrónico hecho don Djs españoles que saldrá antes de final de año. “Es como volver a mis orígenes. Cerrar un círculo que se volverá a abrir con la siguiente aventura. De eso se trata, de vivir en paz conmigo misma, de disfrutar al mil por mil la vida. Soy muy transparente, lo que ves es lo que soy”.

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