sábado, 27 de abril de 2019

Migrantes cubanos reviven una de las ciudades más peligrosas de México

Miles de isleños que esperan su turno en Ciudad Juárez para cruzar a Estados Unidos y pedir el asilo político rescatan negocios que estaban arruinados.

La mexicana Cristina Ibarra ha pasado en menos de tres meses de la música de mariachi al son cubano. Ibarra apenas vendía tacos en “El Mariachi”, un restaurante que regentaba en la Avenida Juárez, camino que lleva al puente fronterizo Paso del Norte-Santa Fe, por el que se cruza a El Paso, Texas. Su suerte mejoró cuando comenzaron a llegar una media de cien migrantes cubanos cada día para solicitar asilo político en Estados Unidos. Estos deben de quedarse por uno o dos meses en Ciudad Juárez esperando su turno para cruzar ordenadamente.
Cuando algunos cubanos buscaban qué comer, se acercaban a preguntarle a la dueña de este local típico mexicano si tenía arroz. Un día, esta viuda de 43 años y madre de dos hijos solucionó el problema. Les ofreció que ellos mismos cocinaran su arroz, que a ella “ni le gustaba hacerlo ni sabía cómo”. La sorprendieron con varios manjares de la cocina cubana.
Las filas de isleños no se hicieron esperar. La comida se acabó en dos horas. Así comenzó la historia de cómo un restaurante mexicano se convirtió en cubano.
Así, Ibarra traspasó su negocio a un local más amplio situado en la calle Ramón Rayón, cercano a la oficina de Correos. La pequeña Habana en Ciudad Juárez no había hecho más que nacer.

“Nunca he estado en Cuba, pero siento como que estoy de viaje. Siento como que estoy en otro país, me gusta viajar”, dice Ibarra, propietaria del primer restaurante cubano de esta ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos, rodeada de fotos del Malecón de La Habana, el Morro Cabaña y el Capitolio. Imágenes que imprimió desde Internet y que decoran las paredes del local.
“Son buenos trabajadores y honestos. Una señorita que me acaba de llegar es ginecóloga. Yo necesito trabajar y ellos necesitan un ingreso y yo también necesito un ingreso, y nos hacemos fuertes”.
Little Havana reluce en una calle de edificios derruidos y negocios abandonados que esconden historias de horror y de violencia, que azotaron con más fuerza desde la llamada guerra contra el narcotráfico del expresidente de México Felipe Calderón, que del 2008 hasta el 2012 convirtió desde a esta ciudad en la más peligrosa del mundo, que ahora es la quinta.
Con este restaurante, hay juarenses que han regresado a frecuentar esta zona además de vecinos del lado estadounidense de la frontera que acuden a disfrutar de lo mejor de la isla sin salir de México y por 55 pesos mexicanos el platillo, unos 3 dólares sin incluir la bebida.
El personal, desde chefs profesionales en Cuba hasta médicos y profesores universitarios, cambia al ritmo del número de personas que pida cada día las autoridades migratorias estadounidenses para iniciar el proceso de asilo político. Cuando se asoma el turno para cruzar a Estados Unidos, otros cubanos comienzan a ser entrenados para el empleo. Ninguno de ellos, por ser cubanos, tienen permiso migratorio para laborar en México.
“Estaba buscando trabajo y no encontraba. Gracias a Dios pude encontrarlo aquí. Realmente tengo temor a la noche en Juárez, pero uno vino a pelear y no puedo quedarme sentado”, afirma Daniel Santiago, médico estomatólogo, nacido en La Habana hace 26 años.

La economía del centro de Ciudad Juárez se ha rehabilitado con la llegada de más de cuatro mil cubanos que actualmente se ven obligados a hospedarse en algunos de los hoteles más decrépitos, al estar saturados los diez albergues que las iglesias han habilitado en la ciudad para recibir a los inmigrantes.
Alojamientos que estaban prácticamente abandonados son ahora hogar para los isleños. Las tarifas incluso las han triplicado con su llegada.
“El hotel se cae a pedazos, no hay agua caliente ni internet, hay cucarachas”, afirma Yuniel, que prefiere omitir sus apellidos, que comparte una pequeña habitación con otros dos cubanos y un niño.
Landy Arteaga llegó sin dinero a Ciudad Juárez, el 12 de marzo tras una travesía de dos años. A los dos días de arribar vio un anuncio en un local de pollo asado en la Avenida Juárez en el que se necesitaba un cocinero. Convenció al dueño para asarlos con la sazón cubana, preparar comida de la isla y cambiar el diseño del local.
cubanos
En unos días, con su visión y sazón cubano, Landy Arteaga transformó un pequeño lugar de pollo asado mexicano en uno de los restaurantes más frecuentados del centro de Ciudad Juárez (Foto de la autora)
“Venía poca gente y ahora mismo los mexicanos vienen a comer comida de Cuba. Lo que más les gusta es la ropa vieja. Amo la cocina, yo amo mi trabajo”, dice Arteaga, que en Matanzas trabajaba en la construcción.
Con el renacer del negocio, el propietario ha requerido a otros cuatro cubanos.
Todos los días al cocinar el arroz congrí, yuca frita, bistec de res o pollo frito, entre otros muchos platos, piensa en un tatuaje que lleva en su pecho izquierdo. Sólo dice María Teresa Montalvo, pero para él es todo.
“Es mi mamá, es mi vida, mi corazón, es una de las cosas por la que viene para acá”, dice este padre de tres niños.
Ella le enseñó también a cocinar.

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